domingo, 25 de septiembre de 2011

Aquello que no podemos ver

Era una mañana como cualquier otra, en algún día de la primavera. Me desperté como todos los días, a las 6:46 de la mañana, dispuesto a ir a trabajar a la oficina, como era de costumbre todos los martes y jueves de mi vida.
Me levanté demasiado hambriento como para ir hasta la heladera y devorarme lo que tenga a mi paso, pero demasiado cansado como para caminar hasta la tercera habitación a la derecha del piso de abajo de la casa.
Apenas recuerdo esa ténue luz azul claro que entraba por mi ventana, escabullendosé de entre las cortinas y  que llegaba diréctamente hacia la cabecera de la cama.
Me alisté para ir a trabajar, me fijé dos veces si llevaba lo necesario, mi maletín, el traje puesto, las anotaciones del día de ayer, todo listo.
Me dirige hacia el garage, donde allí mismo guardaba mi ''máquina''. Un Renault 12 medio destartalado, ''más viejo que la injusticia'' dirían mis amigos, pero yo estaba orgulloso de él, ya que fué mi propia inversión cuando apenas cumplía los 21 años.
Puse en marcha el motor, me dirige hacia la oficina por la avenida Pajas Blancas, camino a Córdoba, como era de costumbre en mí. Esa mañana había un tráfico enorme, la fila de autos iba desde más o menos Mendiolaza hasta casi llegando al peaje. Llegué a preguntarle a un oficial de la zona que había pasado, ya que no era de costumbre semejante tráfico en aquella ruta. Me respondió con una voz un tanto gruñona ''Hubo un accidente, aparentemente un choque múltiple, una chica cuyo nombre desconocemos ha fallecido en la autopista a causa del mismo''. Asentí con la cabeza en forma de agradecimiento y continué con mi camino.
Llegué a la oficina, una hora atrasado, mi jefe apensa vió que yo llegaba, me hizo una seña la cuál comprendí al instante. Quería que yo fuera hacia su oficina y que lo esperara allí, seguramente para regañarme por mi retraso, el cuál no era habitual ya que yo siempre llegaba 20 minutos antes de la hora.
Luego de una larga y extenuante espera, él abrió la puerta y entró, con una sonrisa amable en su rostro. Apenas noté que había alguien parado en la puerta. No pude distinguir su sexo, ni quien era ya que los ventanales de la oficina de mi jefe eran bastante borrosos.
Mi jefe me llamó por mi apellido como de costumbre ''Gutierrez'' Dijo con un tono de voz calmo ''Siempre he admirado tu forma de trabajar, tu puntualidad, tu dedicación, y para mí sos una de las personas más valiosas de toda la empresa... Pero'' (En el instante en el que mi jefe terminó de pronunciar ese pero, en una fracción de segundo se me vino a la cabeza un posible despido) ''Pero no apruebo el hecho de que semejante y talentoso hombre como usted trabaje solo, es por eso que de ahora en más he decidido contratar a una persona la cuál yo creo capaz de poder ayudarlo en lo que sea que usted necesite''.
Al principio me dejó medio dudoso con las palabras qeu pronunció, luego, sin más opción que decir que sí acepté la propuesta, ya que no tenía manera de oponerme.
''Así que, Gutierrez, dejemé presentarle a la persona que lo vá a asistir en su trabajo''. Mis piernas temblaron, mis manos sudaban, estaba nervioso, y cómo no habría de estarlo si siempre he trabajado solo, no me acostumbraba todavía a la compañía de mi propio gato y el boludo de mi jefe quería que me acostumbrase a trabajar con alguien, sabiendo que yo era más que nada un tipo solitario. En fin, no había vuelta atrás.
Apenas aquella persona abrió la puerta de la oficina, y comenzó a avanzar lenta y temerosamente hacia mí, comenzé a levantarme despacio tratando de parecer calmo. Pero, algo en mí me impedía el hecho de fingir tal serenitud, ya que mis ojos no podían creer lo que yo estaba viendo...

Continuará...

3 comentarios:

  1. un zombi! jajajaj genial :D apurate para el proximo!!

    ResponderEliminar
  2. naaaaa!!!! quiero saber q pasa!!!!!!!!!!!! aprate locon!!! jajajaja re q ea un zombie como dice arriba ! :D jajajaj

    ResponderEliminar
  3. YAAAAAAAA FEDERICOOOOOO , YAAAAAA LA SEGUNDA PARTEEEEEEEEEEEE

    ResponderEliminar